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Operación casa por casa en Bulgaria para escolarizar a los niños gitanos

AFP

Plovdiv (Bulgaria) (AFP) -

"Vamos a inscribirle en el colegio, a no ser que su padre nos diga que volvamos a Alemania", responde la madre de Orlin Marinov, de 10 años, a un equipo que recorre Bulgaria para escolarizar a los niños gitanos.

Unos 130.000 niños que viven en Bulgaria no van al colegio porque sus padres no los inscriben, según el ministerio de Educación. Casi todos son gitanos, una minoría pobre y marginada que representa el 9% de la población búlgara y que, según los expertos, quedó abandonada a su suerte desde la caída del comunismo en 1989.

El gobierno del conservador Boiko Borisov se ha propuesto atajar el problema.

Este país, el más pobre de la Unión Europea (UE) y con escasez de mano de obra debido a la emigración, ha decidido "actuar con todo su poder y recursos" contra esta lacra, afirma el viceprimer ministro Tomislav Donchev.

Con este objetivo ha movilizado a más de 1.100 equipos integrados por profesores, asistentes sociales, oenegés y policías para contactar con las decenas de miles de familias afectadas.

En el barrio gitano de Plovdiv (sur), la tarea es ardua. De las siete direcciones visitadas en una mañana, sólo han conseguido ver a Orlin Marinov. Los otros niños están en Alemania o Bélgica, aseguran los vecinos.

A veces "los niños que buscamos pueden hallarse justo a nuestro lado. Los padres desconfían de los desconocidos", explica a la AFP Teodora Krumova, vicepresidenta de la oenegé Almalipe implicada en la escolarización de los niños gitanos.

- Embarazos precoces - 

Según el instituto de la población, 22% de los gitanos son analfabetos y apenas el 9% ha terminado los estudios secundarios exigidos por la ley.

Para cambiar las cosas se necesita "una integración lingüística precoz de los niños cuya lengua materna no es el búlgaro", recuerda el sociólogo Alexey Pamporov.

Pero muchos de los que comienzan el curso lo dejan para encargarse de tareas familiares. "Las niñas se ocupan de sus hermanos y hermanas pequeños, los niños van a trabajar con sus padres", explica.

Además, a falta de educación sexual, hay muchos embarazos precoces. Para luchar contra este problema, las autoridades mezclan los incentivos y las sanciones.

"Si las familias no cooperan, se prevén multas y suspensión de los subsidios", advierte Donchev.

El otro vice primer ministro, el nacionalista Krasimir Karakachanov, va más lejos. "Las bodas entre menores, la no escolarización deben considerarse un delito". Y "se les quitará los niños a las familias que los obliguen a mendigar o a robar", amenaza.

En el terreno, las comisiones insisten más bien en los beneficios de la escolarización: recuerdan que si un alumno no termina los estudios básicos no podrá pasar el permiso de conducir y hacen hincapié en los casos de éxito. 

Hay varios ejemplos, como el de Marcel Iliev, de 19 años, un alumno de origen gitano que ha conseguido una beca de tres años para estudiar en Inglaterra. "Los estudios son el camino hacia el éxito y permiten salir de la pobreza", asegura él a la AFP.

La campaña es complicada. De las 150.000 direcciones inspeccionadas a mediados de octubre, sólo 12.146 han sido inscritos, según el ministerio de Educación.

Krumova cree que se acabará convenciendo a todas las familias pero duda de que se llegue a los que viven "en la miseria más profunda".

Además, la calidad de los colegios de los barrios gitanos deja que desear.

"No enseñan nada a nuestros hijos. Mi sobrina acaba la escuela primaria sin saber escribir su nombre", asegura indignado Raitcho Krastev, un habitante de Plovdiv.

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