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El artista chino Ai Weiwei "inocula" en Chile su mirada crítica

AFP

Santiago (AFP) -

Con el título "Inoculación", el artista chino Ai Weiwei presenta en Chile treinta de sus obras más relevantes convertidas en un grito contra la represión y la violación de los derechos humanos.

Marcado a fuego por la historia de su padre, el poeta Ai Qing, quien tras apoyar la revolución que lideró Mao Zedong en China fue víctima de su feroz represión, Ai Weiwei ha convertido el arte en un "proceso de compromiso social, expresión colectiva, testimonio histórico y en un modo de resistencia", según el curador de la exposición, el brasileño Marcello Dantas.

El título de esta muestra itinerante, que inició su periplo latinoamericano el pasado diciembre en Buenos Aires, no se ha elegido por azar.

"La inoculación es una idea asociada con la concepción, el virus y la patología", recuerda Dantas en una conferencia de prensa junto al artista chino en el centro cultural CorpArtes, que aloja la muestra desde el 18 de mayo hasta el 9 de septiembre.

"La inoculación es el comienzo de una transformación que se introduce desde afuera, pero que transforma el interior", explica este miércoles en Santiago en la presentación de la muestra a la prensa, en compañía del artista chino.

Instalaciones icónicas, esculturas, objetos, fotografías y vídeos integran esta exposición con 30 de las obras más representativas del artista de 61 años.

Entre ellas, la instalación "Semillas de girasol" (Sunflowers Seeds, 2010), compuesta por 15 toneladas de semillas de porcelana hechas a mano por 1.600 artesanos de Jingdezhen, la capital china de la porcelana.

Otra monumental instalación le hace un guiño a la bicicleta, uno de los pocos objetos presentes en los hogares chinos durante la infancia del artista. "Bicicletas para siempre" (Forever Bicycles, 2015) está construida con más de 1.000 bicicletas de acero unidas entre sí en una composición monumental envolvente.

Las migraciones es otro tema que preocupa a Ai, que a finales del pasado año presentó el documental "Marea Humana" (Human Flow) sobre la crisis mundial de los refugiados.

En Santiago presenta "Ley de viaje" (Law of the Journey, Prototype B, 2016), un gigantesco bote inflable en PVC de 16 metros cargado de mujeres, hombres y niños migrantes, en color negro, que evoca las precarias embarcaciones utilizadas por refugiados que tratan de llegar a Europa en peligrosos viajes.

En otro edificio de la capital chilena, el Archivo Nacional, las columnas están cubiertas con cerca de 2.000 chalecos salvavidas utilizados por los refugiados que llegaron a Europa por el Mediterráneo.

Otra de sus obras es "Uvas" (Grapes, 2014), una instalación de 32 taburetes de diferentes épocas y usos, que sobrevivieron a la Revolución Cultural porque "son prácticas, forman parte de la vida cotidiana y no muestran nigún rastro de una cultura específica".

- Defender la integridad -

Irreverente, denunciante, evocador, las paredes de cada sala de exposiciones están empapeladas con dibujos impresos en los que aparecen decenas de brazos haciendo cortes de mangas, o "El animal que parece una llama pero es realmente una alpaca".

Arquitecto, fotógrafo, pintor, cocinero, periodista (todavía guarda su carné de prensa), que durante su estancia en Nueva York de 1983 a 1993 vendía sus dibujos en la calle hasta por 5 dólares, es un azote para el régimen chino.

Después de un idilio con las autoridades a su regreso a China en 1993, tras 12 años de ausencia durante los que incluso colaboró con los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron en el diseño del Estadio Nacional de Pekín, Ai se convirtió en un crítico de los Juegos Olímpicos de 2008.

Pero fue la catástrofe generada por el terremoto de 7,9 grados del 12 de mayo de ese año en la provincia de Sichuan, en el que murieron o desaparecieron más de 87.000 personas, entre ellas miles de estudiantes atrapados en edificios que no cumplían los estándares de calidad, lo que llevó al artista a lanzar el primer acto de derechos civiles a gran escala realizado a través de las redes sociales en el gigante asiático.

Pagó muy cara esa militancia. Ai Weiwei estuvo encarcelado 81 días en 2011 y despojado de su pasaporte, que le impidió salir del país durante cuatro años.

"Como seres humanos todos somos abusados de una forma u otra" y "tienes que estar preparado para defender la integridad de otros seres humanos" en situaciones que lo requieran, lo que no "tiene nada que ver con el hecho de ser artista", recordó en Santiago.

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